Hatento, el Observatorio de delitos de odio contra las personas sin hogar valora muy positivamente la consolidación de la publicación periódica del Informe sobre incidentes relacionados con los delitos de odio en España realizada por el Ministerio del Interior, fruto del trabajo de recogida de datos a través del Sistema Estadístico de Criminalidad por parte de los cuerpos policiales de carácter estatal y autonómico, así como algunos de alcance local.

Consideramos especialmente importante que el Ministerio del Interior recoja la aporofobia -odio a las personas en situación de pobreza- como una de las motivaciones que pueden subyacer a un delito de odio, a pesar de que no sea reconocido de la misma forma por el Código Penal vigente, ni en la reforma recientemente aprobada.

Los datos recogidos durante 2014 por el Sistema Estadístico de Criminalidad arrojan una cantidad total de 1.285 delitos de odio registrados. En el caso concreto de los delitos de odio motivados por aporofobia, los cuerpos policiales han registrado 11 hechos, lo que supone un incremento de un 175% respecto a 2013. Sin embargo, la experiencia directa de las organizaciones que formamos Hatento y el hecho de que se traten de experiencias registradas por los diversos cuerpos policiales, hacen pensar que la prevalencia es mucho mayor. En este sentido, y aunque las estimaciones son variables, se considera que, en general, sólo se denuncian entre un 10 y un 20% de los delitos de odio que se cometen.

El informe recoge, además, el porcentaje de hechos esclarecidos por los cuerpos policiales, que en el caso de la aporofobia alcanza un 90,9% de los casos, muy por encima del 65,6% de los hechos esclarecidos en total. Desde nuestra consideración, este altísimo porcentaje se debe a que, muy probablemente, se trata de incidentes en los que los cuerpos policiales intervienen mientras se produce el hecho delictivo y no de incidentes conocidos a partir de la denuncia posterior de las víctimas.

Los delitos de odio contra las personas sin hogar, un fenómeno invisible.

Los delitos de odio contra las personas sin hogar son una vulneración flagrante de los derechos humanos y supone uno de los mayores atentados contra la dignidad de las personas. Ser víctima de un delito de odio implica ser despojado de nuestra identidad como ciudadano o ciudadana, ya bastante mermada por la violencia que implica el propio fenómeno del sinhogarismo. Una sociedad democrática no puede permitirse abandonar más allá de los márgenes a parte de su ciudadanía. Despojarnos de los prejuicios contra las personas sin hogar, acercarnos a su realidad, apoyar a las organizaciones que estamos trabajando en la defensa de sus derechos y denunciar cualquier tipo de agresión contra las personas sin hogar de la que seamos testigos, son las formas en las que el conjunto de la sociedad puede implicarse.

 

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