Desde el Observatorio HATEnto, impulsado por HOGAR SÍ, lamentamos el asesinato de cuatro personas en situación de sinhogarismo en la ciudad de Barcelona. Queremos mostrar nuestra condena ante estos hechos y denunciar la persistencia de los delitos y agresiones cometidos contra las personas en situación de sinhogarismo y poner el acento sobre la situación de vulnerabilidad que sufren las personas que carecen de un hogar los 365 días del año. El hecho de vivir en la calle supone una amenaza real para la vida y la seguridad.  Con o sin pandemia, las personas que se ven obligadas a vivir en la calle están mucho más expuestas a ser víctimas de delitos e incidentes de odio como insultos, robos, agresiones o, como en estos casos, su asesinato.   

Seguimos con atención las últimas noticias al respecto que los servicios policiales hayan localizado a un presunto agresor, al que atribuyen al menos tres de las cuatro muertes y tenemos la confianza de que la fiscalía de Barcelona actuará con diligencia explorando la posibilidad de que se trate de un delito de odio motivado por aporofobia. 

No obstante, seguimos insistiendo en que es urgente e imprescindible que el Código Penal reconozca la especial vulnerabilidad que las personas en situación de sinhogarismo tienen frente a delitos basados en la intolerancia y los prejuicios, recogiendo la situación socioeconómica de pobreza y exclusión como una característica a proteger. Es necesaria una reforma del Código Penal que incluya en su artículo 22.4 y en aquellos dedicados al odio y la discriminación, la aporofobia como circunstancia agravante de la responsabilidad penal. Los delitos motivados por la aporofobia deben ser considerados con la gravedad que merecen. 

Lamentablemente, las actuaciones a posteriori no son suficientes y por ello, hacemos un llamamiento a las administraciones públicas para que, en esta situación de pandemia, refuercen los servicios sociales, los dispositivos de atención en calle a las personas en situación de sinhogarismo y la coordinación de estos con los servicios policiales para garantizar la seguridad de las personas que todavía se ven obligadas a vivir en la calle. 

Queremos resaltar la necesidad de extremar las medidas de seguridad sanitaria dentro de los alojamientos colectivos, el distanciamiento social, las medidas de higiene y la monitorización. Estos son elementos fundamentales para garantizar el bienestar de las personas que se ven obligadas a utilizar albergues, pabellones y otros recursos colectivos. Las personas en situación de sinhogarismo no tienen que elegir entre estar inseguras en la calle o inseguras bajo techo. Estas personas tienen derecho a un entorno adecuado donde protegerse y pasar el confinamiento. Llamamos también a que en la medida de las posibilidades se habiliten plazas para atender a estas personas en instalaciones que permitan el alojamiento individualizado. 

Una vez más comprobamos que la calle mata y que carecer de un hogar es un factor de riesgo en todas las situaciones. Queremos llamar la atención a las administraciones sobre la necesidad de contemplar a las personas en situación de sinhogarismo en los planes de desescalado. Es necesario habilitar procedimientos y recursos suficientes para que ninguna persona tenga que volver a la calle. Tras el esfuerzo realizado estos meses para alojar a miles de personas, no tendría sentido devolverlas sin más a la calle, donde seguirán existiendo riesgos para su salud y su seguridad, es decir para su vida.